Policiales en Santa Fe

Así matan en Rosario: 32 tiros, siete en la cabeza, para matar al grito de “policía” a un joven buscado

Todavía no clareaba el cielo cuando cerca de las 5.30 de este jueves al menos cuatro personas ingresaron a una casa de Nuevo Alberdi para acribillar a balazos a Julián Manuel Zenier, de 23 años. Los asesinos, según testigos, estaban vestidos de policías y por ese motivo intervino en la investigación la Agencia de Control Policial. Dispararon al menos 69 veces: 32 de esos tiros impactaron en la víctima fatal y cuatro en un joven de 18 años que está internado en estado crítico.

Zenier tenía pedido de captura por el homicidio de Dora Quiroga, una vecina de 64 años de la zona sudoeste que el 4 de febrero de 2020 murió al quedar en medio de un enfrentamiento a balazos. Fuentes consultadas por La Capital indicaron que el joven también tenía conflictos vinculados al narcomenudeo en la zona oeste, otro motivo por el cual se había refugiado en Nuevo Alberdi.

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Hace poco más de un año y medio, según vecinos de la zona, Zenier se instaló en una casa ubicada en un pasillo de tierra entre las calles Jorge Fontana y Bornemann a la altura del 3100, en Nuevo Alberdi, norte de Rosario. Para entonces ya estaba en silla de ruedas producto de un disparo recibido tiempo atrás que le había afectado la médula. En ese lugar vivía con su pareja y un hijo de 4 años.

“Policía, policía, al piso”, fue el grito que los testigos dijeron haber escuchado como antesala del asesinato. La versión preliminar que comenzó a manejar el fiscal Patricio Saldutti indica que en plena madrugada de este jueves entre 4 y 5 personas vestidos con atuendo policial ingresaron por la fuerza a la vivienda de Zenier. Rompieron dos puertas a mazazos y una vez en el interior de la vivienda desataron la masacre. Mataron de dos balazos a un perro pitbull y de 32 disparos a Zenier, además de que un joven que estaba en la casa resultó herido con 4 impactos de bala. Entre los detalles escabrosos del asesinato trascendió que Zenier tenía 7 impactos de bala en la cabeza.

En total los peritos levantaron 69 vainas servidas calibre 9 milímetros que estaban desparramadas dentro de la vivienda y en el pasillo de tierra, lo que indica que los agresores emprendieron la huida a los tiros. En la vivienda se secuestró una pistola calibre 380 con el cargador lleno y una caja de municiones. Sin embargo al no hallarse vainas servidas de este calibre todo indica que el total de balazos provino de parte de los asesinos de Zenier y que no hubo enfrentamiento.

Interviene Control Policial

El hecho de que los agresores estuvieran vestidos con atuendo policial obligó a la participación en la investigación de la Agencia de Control Policial. Entre los investigadores llamó la atención la precisión de la vestimenta y que los asesinos incluso llevaran barbijo de la fuerza policial.

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“Todo es posible, no hay que descartar hipótesis”, dijo una fuente de la investigación acerca de la posibilidad de participación de policías en el hecho. Zenier estaba siendo buscado, había una investigación en curso para dar con su paradero pero aún así el joven había logrado evadirse.

En tanto, según pudo conocer La Capital, en Villa Banana, zona oeste de Rosario, el rumor del crimen de Zenier corrió con velocidad. Entonces comenzó a deslizarse el nombre de una persona, con peso en el narcomenudeo en ese barrio, que estaría detrás del asesinato.

De cualquier manera las características del hecho dejan en claro que Zenier estaba siendo buscado, que fue el principal blanco del ataque y que había que asegurar su muerte. Así lo describió el fiscal Saldutti: “Fue un hecho extremadamente violento en el que necesariamente han participado entre 4 o 5 personas. Por la logística del hecho puede ser que haya participado más de un vehículo. No hay ninguna duda de que no es un hecho al azar”.

“Tiros todos los días”

El crimen de Zenier ocurrió cerca del amanecer, por lo cual cuando ese sector del barrio Nuevo Alberdi despertó el paisaje para los vecinos fue una cantidad de móviles policiales rodeando la escena del hecho. Horas después, mientras se desarrollaban los peritajes iniciales de la investigación, el vecindario se mantuvo expectante alrededor del lugar.

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Un grupo de niños, obligados a convivir con esa cara de la violencia callejera, miraron asombrados todo lo ajeno a su cotidianeidad: cámaras de televisión, peritos con guantes, números que identificaban vainas servidas y cintas de seguridad que demarcaban la zona de peritaje.

Los niños en la calle sí son parte del paisaje diario de los barrios populares. “Van a la escuela, juegan en la calle y siempre pasan locos en moto a los tiros. Acá es tiros todos los días”, contó a La Capital una vecina. “Pasan en moto a los tiros, pegan la vuelta y se van”, agregó la mujer.

El crimen de Dora Quiroga

Dora Quiroga tenía 64 años y era jubilada. El 4 de febrero de 2020 caminaba por Manantiales al 3700, en el sudoeste de la ciudad, cuando quedó en medio de una balacera. De los tiros cruzados entre personas que iban en un auto y otros que iban en moto uno de ellos impactó en la mujer.

Unos días después del hecho quedó detenido Nicolás G., quien cayó al sufrir quemaduras graves al intentar prender fuego el auto en el que se habían trasladado. Desde entonces quedó preso señalado como uno de los tiradores. En tanto en febrero pasado, poco después de cumplirse un año del hecho, fue aprehendido un joven identificado como Juan Ignacio V.

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En 2020, en el marco de la investigación por el crimen, se había secuestrado un arma semiautomática registrada a nombre de un tío de Juan Ignacio V. Como el cotejo balístico arrojó que una vaina hallada en la escena del homicidio fue disparada por esa pistola, el fiscal Gastón Ávila imputó a Juan Ignacio V. como partícipe necesario de homicidio calificado por precio o promesa remuneratoria y por ser cometido con el concurso de dos o más personas además del intento de asesinato de los dos jóvenes que circulaban en una moto y a los que iban dirigidos los disparos.

En ese contexto fue que alrededor de una de las bandas que participaron del crimen surgió el nombre de Nelson “Pandu” Aguirre, hoy preso, ligado a Ariel “El Viejo” Cantero y sindicado como integrante de una banda dedicada al narcomenudeo en las zonas oeste y sudoeste. Del otro lado del conflicto, además de los dos jóvenes ya detenidos, fue mencionada una persona apodada “inválido”. Siguiendo esas pistas fue que se ordenó un pedido de captura para Julián Manuel Zenier, quien estaba en silla de ruedas por un disparo recibido tiempo atrás que le había afectado la médula.


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