Policiales en la Patagonia

Cipolletti era un proyecto, ahora es bronca y dolor

El domingo 9 de noviembre de 1997, las hermanas María Emilia y Paula González junto a Verónica Villar llegaron hasta la calle Jujuy del barrio Magister para buscar a Alejandra Meraviglia porque habían quedado en salir, a eso de las 19, a realizar la caminata de todos los fines de semana. (Leer informe del triple crimen).

Ese domingo ventoso, Alejandra se quedó en Neuquén y cuando llegó vio el Renault 9 del papá de María Emilia y supuso que sus amigas estaban caminando y que en un rato volverían, pero no fue así.

Esa noche, don Ulises González la llamó y luego se acercó porque las chicas habían dejado ahí el auto en lo de Alejandra y no aparecían.

Alejandra fue clave para revelar el recorrido que hacían cada vez que salían a caminar y charlar.

Tomaban por Avenida Circunvalación hasta San Luis, doblaban en dirección a Ferri y caminaban hasta Pollolín y si no estaban tan cansadas extendían el recorrido a la ermita de Ceferino que estaba un poco más adelante.

Ir y volver, a las chicas les demandaba como mucho una hora.

Esa desaparición la desesperó como a todos porque la Policía les decía que tenían que esperar 48 horas para intervenir. Un absurdo.

González y Villar convocaron amigos y mientras algunos hacían el recorrido por la San Luis otros, con linternas en mano, encaraban por las vías del ferrocarril Roca en dirección a Ferri.

El martes 11 a las 9:30, un vecino que salió a caminar con su perra encontró a la vera de las vías del tren, en Los Olivillos, los cadáveres de las tres chicas.

Mucho tiempo después se supo que cinco o seis tipos en un Taunus verde, bastante estropeado, a punta de pistola y cuchillo las secuestraron cuando estaban a unos 50 o 60 metros de Circunvalación.

De ahí las llevaron hasta una tapera en la chacra de Feruglio donde las atacaron, las abusaron en forma macabra y finalmente las ejecutaron. A las hermanas González a tiros y a Villar a puñaladas en el cuello.

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“Yo no soy una sobreviviente”

Durante muchos años la prensa la bautizó y charlaba con ella bajo el mote de “la sobreviviente del triple crimen”, pero ella nunca se sintió así.

«Yo no sobreviví a nada porque yo estaba en Neuquén y decidí no ir a Cipolletti, para salir a caminar, porque había mucho viento y tenía mi nene de 9 meses. Si me preguntas ¿qué hubiese pasado si estaba? No sé, a lo mejor iba con mi hijo en el carrito, a lo mejor nos quedábamos en casa porque el viento me molesta mucho. Pero se hacen supuestos de algo que yo no viví. Por eso pararme en el lugar de una sobreviviente lo único que podría lograr es que me llenara de culpa en las que no tengo nada que ver. Sí me dolió y me duele lo que les hicieron porque eran mis amigas y acá nunca hubo justicia», explicó Alejandra a LMN.

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Dulces recuerdos

El contacto con Alejandra no fue complicado. Intercambiamos unos mensajes y pautamos una charla. Se emocionó mucho porque: «nunca me hicieron una entrevista desde las emociones y de lo que yo siento, siempre me preguntaban lo mismo», contó.

Su tono de voz es sumamente agradable y cuando recuerda a María Emilia, que era su mejor amiga, la dulcura y frescura le brotan de su boca y los ojos le brillan como si la tuviera ahí a la alcance de un abrazo.

«Ambas éramos mamás en esos años, ella tenía a Agustina de casi tres años y yo a mi bebé de 9 meses. Así que cuando nos juntábamos me da recomendaciones de qué pañal comprar y todas esas cosas de mamás», recuerda con cariño.

En esas charlas inundadas de mates, hasta se animaban a hacer las veces de celestinas de sus hijos: «A la nena de María Emilia ya la estábamos casando con el nene de otra amiga que tenía la misma edad, así que le teníamos que buscar alguna beba para el mío», recordó entre risas.

Son 24 años los que pasaron y todavía en el fondo de su ser hay un espina que cada tanto la pincha y la obliga a pensar. «Nuestro sueño era viajar a los 25 años a Europa, porque creíamos que íbamos a estar recibidas, pero nos pasaron cosas -dice por los hijos- . Pero nunca descarté hacer ese viaje para ver todos esos bellos lugares que queríamos visitar», revela Alejandra.

¿Cómo seguiste tu vida?

(Después de un breve silencio) Desde lo personal a mí me cambio por completo la vida porque yo tuve que salir de Cipo. Mis viejos percibieron que ya era un peligro, por eso me llevaron a vivir a Neuquén con mi hijo. Fue un cambio importante porque Cipo era mi lugar, ahí yo había conformado mi familia, tenía mi nene chiquito.

Después, el duelo lo fuimos transitando con amigos. Al transcurrir los años nos seguimos juntando, apoyamos un movimiento que se había armado de jóvenes, pero bueno los adultos (por los padres de las chicas) lo corrieron y ya muchas ganas de estar en esas situaciones no nos dieron.

“No solo fueron las chicas sino que hay un montón de mujeres asesinadas y crímenes impunes. Justo les tocó que mis amigas vivían en el centro de Cipolletti, pero hay chicas de barrios marginales quedan en la nada misma” “No solo fueron las chicas sino que hay un montón de mujeres asesinadas y crímenes impunes. Justo les tocó que mis amigas vivían en el centro de Cipolletti, pero hay chicas de barrios marginales quedan en la nada misma”

Tenías ganas de ver crecer a la hija de María Emilia, ¿se dio?

Hubo una nota que se publicó donde hicieron un contrapunto entre los dichos de Ulises González y yo, sobre si yo había llorado o no en una situación determinada y yo dije que no, que por el viento me refregué los ojos y eso llevó a que nos distanciáramos. En verdad a mi me cuesta mucho llorar porque me bloqueo y no lloro. Eso creo que impidió el acercamiento con la hija de María Emilia. Nos encontramos una vez en una marcha, la saludé y le di mi celular para que me llame, pero nunca lo hizo. Me hubiese gustado mucho sentarme con ella y contarle cómo era su mamá porque con María Emilia compartimos muchos años. Fue algo que lamentablemente no se dio.

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¿Y en lo personal?

En lo personal fue transitarlo en soledad porque ella era mi mejor amiga desde hacía muchos años y ya no estaba. El fin de semana anterior habíamos estado todas juntas en casa tomando mate y revolviendo la tierra en el fondo para hacer el jardín y nos habíamos matado de la risa y después no las vi más. Además, el velorio fue a cajón cerrado.

Desde chicas caminábamos las calles de Cipo sin ningún tipo de temor a que nos pasara nada. Para nosotras, Cipolletti era un proyecto, ahora es bronca y dolor.

Pero yo no solo las recuerdo el 9 o el 11 de noviembre sino que las recuerdo en cada cumpleaños y en lo cotidiano. Incluso tengo guardadas las cartas que nos escribíamos en el secundario como adolescentes sin preocupaciones teniendo una vida súper tranqui imaginando el futuro. Nos preguntábamos que iba a pasar cuando llegara el 2000 y llegó y ellas no estaban, eso fue fuerte.

Pero en las fechas de su desaparición y crimen, yo transito un estado de angustia, tristeza y bronca, porque incluso en determinado momento se separaron las familias y yo no podía entenderlo. Hubo cosas que me dolieron y que ahora con el paso de los años uno entiende aunque no comparte.

¿Y la ausencia de respuestas cómo lo llevaste?

Lamentablemente fue seguir sin saber nada de nada. Pasé de la tristeza de ya no tener más a mi amiga, a la bronca de que no se sepa nada. Pasaron muchas cosas en todos estos años. Cipo es chico y todos se conocen. En un momento desaparecieron muchos hijos del poder ¿dónde se fueron?. Si a esto le sumas al accionar de la policía, te deja muchas dudas. Está Kielmasz, pero nunca dijo nada, no creo que hable y no sé hasta dónde es un títere del poder. Obvio que acá hay algo que se oculta. Todo es una gran duda.

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