Empresario inmoral y patriarca despiadado: Rupert Murdoch, el villano moderno que inspiró “Succession”

Andrés Petruccelli

Se escribieron decenas de libros sobre Rupert Murdoch. Casi tantos como de Woody Allen o Bob Dylan, los objetos de estudio favoritos de los biógrafos. Sin embargo, todavía se suele caer en un lugar común a la hora de interpretar a un magnate de los medios que se acostumbró a torcer los rumbos de las naciones con sus titulares: todos lo tratan como si fuese un enigma, un titiritero del que se conoce poco a pesar de la desfachatez con la que usa sus piolines para amarrar a los funcionarios públicos. Incluso el rumor es que ese control le resulta más simple que manejar a su familia.

Para su entorno, no hay forma de clasificarlo. Es brillante e inteligente, pero también oscuro e inmoral. Y todos lo admiran por ser así. “Es un bastardo muy duro y solo te respeta si sos un bastardo tan duro como él”, definió el periodista Les Hinton, quien fue su mano derecha y estuvo a cargo de los diarios con los que el imperio se expandió de Australia al Reino Unido. Otros directamente fueron políticamente incorrectos, como el intelectual Dennis Potter que bautizó “Rupert” a su cáncer de páncreas en homenaje a quien “contaminó” y “enfermó” a la prensa británica.

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Tiene la complejidad de un villano del siglo XX. Y, como tal, va a ser recordado por la forma en que lo retrató Hollywood. Ni la pleitesía de la derecha ni las denuncias de la izquierda; ni la cautivante biopic que escribió su amigo Irwin Stelzer en The method Murdoch ni el recomendable documental The Rise of the Murdoch Dinasty, que lanzó la BBC. De la misma manera que sucedió con William Randolph Hearst y El Ciudadano, el dueño de News Corp va a ser recordado por una ficción inspirada en él: Succession, la serie que traza muchos paralelismos con su vida y que este domingo llega a su final.

Logan Roy, una imagen especular de Rupert Murdoch

Décadas atrás, el guionista Jesse Armstrong tenía hecho un guion titulado Murdoch. Su intención era retratar como el multimillonario ponía a sus hijos a competir por el trono de su imperio mediático. La historia recogería algunos hechos puntuales en los que hubo una diputa de poder, pero sobre todo se centraría en las formas en las que los herederos trataban de satisfacer o fastidiar al patriarca. Todas esas páginas fueron mutando a un formato televisivo que el autor sostiene no está inspirado estrictamente en el dueño del conglomerado más influyente de occidente. Sin embargo, escena tras escena nos manda señales de lo contrario.

Los Roy no son los Murdoch, pero tienen mucho más de ellos que de cualquier otra familia rica que compone ese 1% de la población mundial. Su estilo de vida fue bellamente plasmado a lo largo de cuatro temporadas. Cada episodio funcionó como una ventana para ver cómo los ricos están un paso adelante porque ellos deciden quiénes van a estar bajo la suela de sus zapatos. Decisiones que se toman generalmente en un lugar paradisíaco al que solo se accede en helicóptero o en barco. Oficinas y despachos, solo son una pantomima.

Lachlan, James y Elisabeth Murdoch lucharon durante década para posicionarse como el reemplazo natural de su padre. Exactamente como suceden con Kendall (Jeremy Strong), Roman (Kieran Culkin) y Shiv (Sarah Snook) en la ficción. La presentación –donde se puede ver una progresión de imágenes retro en la que el líder del clan aparece intencionalmente de espaldas o fuera de plano-, ya advierte que la disputa de los chicos es más por ver quién logra llamar la atención de papá. La fortuna y el mando son solo consecuencias de eso. En la vida real todo gira en torno a Rupert, mientras que Logan Roy (Brian Cox) es el epicentro absoluto en el show. Aun cuando están ausentes.

Arriba: Elisabeth, Logan y Lachlan, tres de los hijos de Rupert Murdoch. Abajo, Shiv, Kendall y Roman, los hijos de Logan Roy. (Foto: AP / AFP / AFP - Instagram / succession)

Tampoco es un detalle menor que los popes tengan un origen parecido. El hombre real es australiano y siente un fuerte arraigo por su ascendencia escocesa, mientras que el empresario ficticio es un escocés que empieza a construir el sueño americano cuando desembarca en Nueva York. Las similitudes se extienden a su personalidad. Imponen terror y consideran que la piedad es una debilidad. Su mayor orgullo es haber sido responsables de su riqueza. Nada importa tanto como ellos mismos. Hay tanta vanidad corriendo por sus venas que no quieren ceder el mando. Además, están muy seguros de que sus chiquitos mezquinos van a arruinarlo todo.

¿Algo más? Marcia, la esposa libanesa de Logan, representó la misma amenaza para la familia Roy que Wendi Deng, la novia china de Rupert. Ella es implacable y ambiciosa, las dos cosas que más le atraen al viejo Murdoch.

Los hitos en la carrera de Ruper Murdoch que inspiraron “Succession”

Hay un sinfín de situaciones que nos invitan a pensar que Succession contiene un retrato libre de los Murdoch. Incluso, hay un ejercicio intertextual donde las referencias se vuelven muy claras. La serie parece avanzar en sintonía con los hechos bisagra en la vida del dueño de Fox News, pero también hay tiros por elevación. “Le gustaba la estabilidad. Presionaba, pero no quería mierda. Hasta terminó guerras”, le dice Shiv a Roman en la antesala al desenlace. Sin embargo, la respuesta de su hermano es contundente: “Guerras que él comenzó por su santa voluntad”. Un claro guiño al rol propagandísticos a favor de la guerra de Irak.

También vemos cómo sus distintas compañías pueden fortalecer o derrumbar candidaturas presidenciales. Casi calcado a la forma en que The Sun infló a políticos que le parecieran afines a sus negocios y desprestigió a fuerza de fake news a sus adversarios. En Inglaterra fue realmente desfachatado como sus medios apoyaron a Tony Blair -hasta que les fue funcional, claro- o como impulsaron el Brexit, mientras que en los Estados Unidos fue íntimo de Reagan y Bush, orquestó el ascenso al poder de Donald Trump y ayudó a que esa campaña electoral se volviera un reality show.

Logan y Rupert transitaron las mismas tormentas en sus compañías: la ficticia Waystar Royco tambaleó cuando se conocieron los delitos aberrantes que ocurrieron a bordo de los cruceros de la compañía y que se ocultaron con distintos fines, mientras que Fox tambaleó cuando Roger Ailes, el jefe de la cadena, recibió múltiples denuncias por acoso sexual. Además, hay otra mancha gigante en el historial de las compañías de Rupert: no solo se comprobó que el diario News of the world espiaba y chantajeaba a políticos y famosos, sino que también pinchó el teléfono de Milly Dowler, una nena de 13 años que fue secuestrada, y la sociedad nunca se lo perdonó.

Rupert Murdoch y Donald Trump, reunidos en Aberdeen, Escocia. (Foto:  REUTERS/Carlo Allegri)

Rupert Murdoch y Donald Trump, reunidos en Aberdeen, Escocia. (Foto: REUTERS/Carlo Allegri)Por: REUTERS

Rupert ya tiene 92 años y, al menos, 16.8 miles de millones dólares. Su última broma sació la voracidad que lo mantuvo en lo más alto durante cinco décadas. Ya no se podía llegar más lejos. Después de encaminar la presidencia de Trump, decidió vender su imperio a Disney a cambio de 71 mil millones de dólares y preservar Fox News-casi lo mismo que quería hacer Logan con la señal de noticias ATN cuando gestó el trato con GoJo-. La sucesión se resolvió de una manera distinta a lo que se viene gestando en la serie que inspiró. Su heredero al frente de la compañía de noticias finalmente es Lachlan, quien pareció ganar casi por descarte la guerra que más disfrutó Rupert: la de su propia familia.

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