Un pavimento que Lázaro Báez nunca hizo y se convirtió en una ruta fantasma

Los primeros kilómetros son simplemente, la antesala de un camino que se vuelve cada vez más complejo de transitar. Después de avanzar sobre la Ruta 40 más de 110 kilómetros el cartel indicador se convierte en una prueba contundente: Lázaro Báez debía pavimentar más de 200 kilómetros, pero nunca concluyó los trabajos por los que el gobierno de Cristina Kirchner le pagó un 88% más del valor inicial de obra. Clarín recorrió la traza de ripio que le costó al Estado millones de pesos por una licitación en la que, además, compitieron tres empresas del Grupo Austral y que hoy se convirtió en una ruta “fantasma” que nadie se anima utilizar por su peligrosidad.

El viaje inicia a media mañana cuando el sol comenzó a disipar la nieve que se acumuló sobre la ruta. El recorrido por esta clase de caminos exige un buen vehículo porque se convierte en una peligrosa travesía a raíz de los trabajos abandonados por parte del holding de Lázaro Báez, el mismo que durante los doce años de gobiernos kirchneristas se impuso en 51 contratos viales. Eso representó -determinó la justicia- una erogación de $ 46.000 millones, pero la mitad de los trabajos quedaron abandonados.

El paisaje patagónico, en época invernal, se unifica bajo un solo color. La nieve acumulada durante varias semanas, acompaña mientras que el viento contribuye a la dispersión de la misma. Eso, sin embargo, no impide visualizar la marcada división entre el trabajo realizado a medias y de mala calidad, y el camino de ripio: 98 kilómetros sólo de tierra que deberían ser de pavimento.

La primera etapa del recorrido es hasta la antigua estancia Bella Vista, una de las más destacadas en suelo santacruceño por su tecnología, por la cantidad de cabezas de ganado con la que cuentan, por el trabajo propio de un campo productivo con historia en la zona. No integra las 415.000 hectáreas que Lázaro Báez compró con su empresa constructora y que no tenían prácticamente actividad.

Son 110 kilómetros iniciales, de un asfalto absolutamente deteriorado. Por no haber acabado con los trabajos que se incluían en el pliego licitatorio, el camino comenzó a ceder en varios tramos, y las ondulaciones del camino se perciben con cualquier vehículo. Los pozos abundan en ese tramo donde la falta de delimitación de la traza es una constante. Nada determina los límites de una ruta que carece de banquinas y donde el asfalto se pierde con el pedregullo a ambos costados.

Un trabajo incompleto que obligó a que muchos santacruceños, dejen de utilizar esa ruta. Algunos la califican como la ruta “fantasma”. Salió del radar de opciones para llegar desde la zona de Río Gallegos a Río Turbio, porque se convirtió en un recorrido riesgoso. Unir con un camino asfaltado ambos puntos hacia el oeste de la provincia, era el proyecto original que se licitó en 2007.

Una de las rutas abandonadas por Lázaro Báez y que le costó millones de pesos al Estado. Foto Francisco Muñóz -OPI Santa Cruz-

El Grupo Austral tuvo durante quince años esa ruta que terminó abandonando. Al momento de realizar la publicidad de la oferta de este contrato para obras básicas y pavimento de este tramo sobre Ruta Nacional 40, el presupuesto oficial era de $177.000.000 pero la cifra fue sólo anecdótica.

Cuando se publicó el llamado a licitación, se presentaron tres empresas del Grupo Austral: Kank y Costilla, Gotti y Austral Construcciones Se presentó igual la firma Petersen pero su oferta fue desechada. Así fue que quedó Lázaro Báez compitiendo contra él mismo. “No sólo no sugirió su rechazo ni la pérdida de su garantía, ni la imposición de sanción alguna o comunicación al Registro de Constructores, como hubiese correspondido, sino que inclusive la comisión evaluadora aconsejó preadjudicar la obra a Austral como terminó ocurriendo”, explicó el fiscal Diego Luciani durante sus alegatos.

Uno de los obradores de Austral Construcciones abandonado. Foto Francisco Muñóz OPI Santa Cruz.

Uno de los obradores de Austral Construcciones abandonado. Foto Francisco Muñóz OPI Santa Cruz.

Los trabajos se iniciaron el 22 de marzo de 2007. Esa ruta que ya no se transita prácticamente, debía realizarse en 36 meses, pero la empresa de Báez “con la anuencia de la agencia vial provincial y nacional, elevó el plazo original a 120 meses”, sostiene la acusación. Esto tuvo un impacto inmediato en el costo de obra que pasó de $ 203.656.370,71. No fue la cifra final, ya que el gobierno de Cristina Kirchner terminó pagándole a su ex socio comercial $383.711.280,12, “un 88,41% más del valor oficial, con un grado de avance de 59%”.

Después de varios kilómetros a mano izquierda del camino -que cuenta con un poco de cinta asfáltica-, se visualiza un obrador de Austral Construcciones. Está abandonado. Sólo delimitado con un precario alambrado, en su interior se observan más de quince máquinas con alguna indicación en sus vidrios realizadas con pintura, ya que serán rematadas por la justicia. Ese campamento se compone además, de tres trailers para los obreros que poco permanecieron allí, una oficina de acceso muy precaria y una máquina de cemento que sobresale en la estepa patagónica por su altura. Su color es muestra de su desuso: el óxido predomina.

En uno de los tanques de agua que hay en el interior de ese predio, un grafiti escrito en aerosol azul da la bienvenida: “Lázaro Báez ladrón”. Fin del mensaje.

Obrador de Austral Construcciones abandonado. Foto Francisco Muñóz OPI Santa Cruz.

Obrador de Austral Construcciones abandonado. Foto Francisco Muñóz OPI Santa Cruz.

Continuando por la Ruta 40 el viaje se vuelve más dificultoso porque el camino expone un mayor deterioro y el agua se acumula en varios tramos por los pozos que abundan. Lo extraño es que ese camino cuando era completamente de tierra, era utilizado con mayor frecuencia sobre todo por los vecinos de Río Gallegos. Pero cuando los trabajos se abandonaron y dejaron todo en un estado de absoluto deterioro, ya no fue una opción. Nadie la transita prácticamente, es un camino fantasma que le costó millones al Estado.

Después de cuatro cruces de un ferrocarril que ya no pasa y que en determinadas instancias cuenta con vagones oxidados y abandonados sobre las vías, se pasa por una tranquera cuyo camino de tierra conduce al casco de Alquinta, la estancia más costosa que compró Lázaro Báez y donde se sospechaba, guardaba dinero en efectivo. Es parte de aquel paisaje y de ese camino inconcluso. Ese campo sostuvo la justicia, se adquirió con dinero ilícito, parte de las irregularidades de la obra pública vial.

Parte de la obra abandonada por Lázaro Báez y que recorrió Clarín. Foto Francisco Muñóz OPI Santa Cruz.

Parte de la obra abandonada por Lázaro Báez y que recorrió Clarín. Foto Francisco Muñóz OPI Santa Cruz.

A esta altura del viaje el pavimento se funde con el ripio. El cartel anticipa el abandono. “Fin del asfalto” y otro que prologa lo que sigue “Próximos 98 kilómetros calzada de ripio”. El camino es de a momento sinuoso, con subidas y bajadas pero sin ningún tipo de cartelería que marque con qué puede encontrarse el conductor a medida que avanzan los kilómetros.

Esta parte del camino cuenta con una particularidad, se dejaron profundas banquinas a ambos costados de la ruta completamente de tierra, tornando peligroso el tránsito. La policía lo recomienda y cualquier vecino de la zona igual: “De noche nunca se les ocurra pasar por ahí”. Un vehículo volcado en una de esas banquinas explican el porqué de la sugerencia. Resulta que por el abandono de la obra nada se rellenó y el material que debía aplicarse allí como grandes cúmulos de materiales sobresalen en la meseta patagónica.

En caso de cualquier emergencia hay unos pocos postes SOS que podrían traer cierta tranquilidad por la falta de señal que hay en todo el recorrido. Sin embargo al acercarse a los mismo, se observa que sólo cuentan con el cartel indicador y nada más, no sirven. Fueron colocados por una empresa de Báez, también a través de un contrato millonario “amañado, direccionado y abandonado”, explicó el fiscal Luciani.

La ruta que Lázaro Báez no terminó pero por la que cobró más de 300 millones de pesos. Foto Francisco Muñóz OPI Santa Cruz.

La ruta que Lázaro Báez no terminó pero por la que cobró más de 300 millones de pesos. Foto Francisco Muñóz OPI Santa Cruz.

Este tramo de la Ruta 40 sintetiza varias de las acusaciones de los fiscales durante el juicio: una obra abandonada, modificaciones de costos de plazos, sus costos aumentaron un 84%, los trabajos adicionales nunca se hicieron, otra de las obras (los postes de SOS) cumplieron con la misma regla: el incumplimiento.

Todo es desolación. Una ruta millonaria que se volvió en suelo santacruceño donde Lázaro Báez tejió múltiples negocios con el matrimonio Kirchner mientras ganaba obra pública vial, que se convirtió en una ruta fantasma.

Más irregularidades de la licitación

Al referirse a este camino, el fiscal Luciani explicó que al presentarse a la licitación Báez propuso al mismo representante técnico, que ya se encontraba comprometido en otras diecisiete obras “lo que no impidió que se aceptase su designación e, inevitablemente, influyó en el atraso de esta obra”.

La obra se adjudicó a Austral Construcciones “cuando no tenía capacidad para ejecutarla”. Como si no le faltaran irregularidades, para esta obra se presentaron las mismas planillas de maquinaria para diversas obras simultáneas y distantes entre sí.

La misma maquinaria se propuso nuevamente en esta obra, a pesar de que ni siquiera se había concluido con la primera donde se encontraba afectada esa maquinaria, la que se concluyó luego de prácticamente 7 años (diciembre de 2013) cuando se preveía un plazo inicial de 2 años.

El dato incorporado en este caso, es que Austral aún no había concluido ninguna obra pública de las que le habían asignado por entonces.

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