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Norma Morandini escribe sobre los silencios y lo acallado en las últimas décadas

La periodista y escritora Norma Morandini acaba de publicar «Silencios», un ensayo que camina por casi cinco décadas de la historia argentina y que también es una memoria lo que provocó en la autora la desaparición de sus hermanos Néstor y Cristina, secuestrados por la dictadura, torturados en la ESMA y asesinados en los Vuelos de la Muerte organizados por la Armada.

En el libro, editado por Sudamericana, Morandini pone el énfasis en los silencios y episodios ocultados u olvidados por la democracia, especialmente por el kirchnerismo.


La portada del libro «Silencios», de Norma Morandini.

Clarín publica en este espacio un fragmento del libro.

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«Pero ya lo dije tantas veces. Ahí no están mis hermanos. Está todo lo que les hicieron, y una verdad parcial, parcelada, que debemos integrar con todas las partes, aun las más disparatadas, si efectivamente deseamos honrar los inmensos monolitos de cemento de la entrada en los que se anuncia «Memoria, verdad y justicia». La justicia condena a los represores. La memoria nos pertenece, la verdad debemos construirla entre todos».

«¿Por qué se le teme a la verdad? Por eludir la responsabilidad de la dirigencia montonera, se termina atenuando la atrocidad mayor de Massera por haber diseñado «una unidad básica» con las presas desaparecidas. ¿No será esa parte siniestra de la verdadera historia la que se quiere bo rrar anteponiendo el prefijo «ex»? Es cierto que dejó de ser la Escuela de Mecánica de la Armada para convertirse en el más tenebroso de los campos de detención de la dictadura. ¿Pero por qué no se agrega el prefijo a otras insti tuciones militares, policiales que también se convirtieron en prisiones clandestinas? La manipulación del lenguaje, con la apropiación de palabras a las que se les distorsiona el significado delatan, también, la apropiación del relato sobre ese pasado incómodo para hacerlo desaparecer bajo consignas efectistas. No se trata de metáforas literarias ni eufemismos con los que suavizamos el decir, sino una deliberada fraseología para acallar lo que no se quiere nombrar. El concepto de «trabajos forzados» se acerca a la verdad de presas elegidas, obligadas a servir a cambio de la vida, las sobrevivientes a las que nadie puede juzgar porque ninguno de nosotros sabe qué hubiera hecho en esas circunstancias. No se trata de «colaboracionistas», palabra connotada con el nazismo, cuya única equivalencia es el miedo, el primer despojo de dignidad con el que se explican las conductas extremas de los seres humanos. Pero lo que sucedió realmente en el Casino de Oficiales de la ESMA, más allá de los relatos conocidos, pertenece a la dolorosa intimidad de los que sobrevivieron. Siempre serán víctimas, a las que debe mos respeto y compasión. Pero, por favor, no las erijamos en heroínas revolucionarias. Por ellas y por nosotros».

«Al final del recorrido nos sentamos en bancos separados, unos de otros, en la inmensa sala en la que se proyectan sobre las cuatro paredes los nombres de los represores condenados tras el Juicio de las Juntas y los juicios de la ESMA. Me molesta la música, innecesaria como información. A no ser por la deliberada intención de hacer de la tragedia un espectáculo con el fin de provocar emoción».

«En cambio, la decena de personas que compartimos el recorrido hacemos del silencio una seña de identificación. Una forma, también, de reconocernos parte del mismo país y racionaliza como toma de conciencia lo que sucedió. María Eugenia pide la palabra y de manera respetuosa hace referencia a las omisiones históricas, la equiparación de las leyes de Obediencia Debida y el indulto de Carlos Menem. Tras los barbijos intuyo la juventud de algunos de los visitantes. Una de ellos, una muchacha rosarina, hija de un exsindicalista de Foetra preso durante el gobierno de Isabel Martínez de Perón, que luego vivió en el exilio hasta ya entrada la democracia. Antes de ingresar, nos contó que en su familia hicieron silencio. Nunca le explicaron las razones del padre ausente. Tampoco preguntó. Es mi turno. Tomo la palabra. Cuento la razón de mi visita ese 18 de septiembre. Repito emocionada el que es y ha sido mi motivo de vida: hacer de la memoria pedagogía democrática para que se formen ciudadanos libres, capaces de pensar por sí mismos. No revolucionarios, adoctrinados como nuevos soldados. Para eso debería servirnos ese tiempo que com partimos en silencio».

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