Mordaza para Martín Guzmán, y el juego en espejo de Cristina Kirchner y Mauricio Macri

Mordaza a Guzmán este lunes en Diputados

El Gobierno cree tener 90 votos para aprobar esta semana en Diputados el acuerdo con el FMI. Alimenta este recuento la suma de votos del Frente de Todos y bancadas amigas, como la del lavagnismo. Sergio Massa, a quien le toca en este turno la responsabilidad de sacar adelante la iniciativa que divide al peronismo, puso condiciones a los propios en una maratón de chats y telefonazos durante todo el fin de semana. Para llevar adelante la changa, reclamó mordaza al Ejecutivo para hablar de política este lunes en el plenario al que asisten Juan Manzur y Martín Guzmán.

Que el jefe de Gabinete haga las presentaciones y que el ministro se limite a las instancias técnicas del proyecto, que fue al Congreso el viernes. De política, que no abra la boca. El reproche es por los párrafos que dedican los «fundamentos» del proyecto a castigar al anterior gobierno. En los más exaltados diálogos con Olivos y con el ministro, Massa pidió que Guzmán no hable de política en el debate de hoy. Si se levanta la oposición, se pudre todo. El argumento de Massa es: si necesitamos la aprobación, hay que limitarse a la parte resolutiva del proyecto. Los fundamentos son la “sarasa” -como dice el tecnicismo- que no se vota, es adorno y no es momento de adornos.

Si hay un plan más barato, avisen

Ayuda al clima de armisticio que el Gobierno haya mostrado conocer algo que faltaba cuando envió al Congreso del proyecto. Es la Carta de Intención que firman Guzmán y Miguel Pesce, presidente del BCRA. El proyecto describe el acuerdo como un mero financiamiento de la deuda de Macri y no un compromiso del país. El título del envío reza: «Aprueba, en los términos del artículo 2° de la Ley N° 27.612, el Programa de Facilidades Extendidas a efectos de refinanciar la deuda existente entre la REPÚBLICA ARGENTINA y el FMI».

Para la oposición era insuficiente, porque no decía nada sobre lo que se llama la «ownership» del programa, la propiedad, de quién es el programa. Si es sólo para financiar lo de Macri, busquen ustedes los votos. El viernes por la tarde se conoció el texto de la Carta de Intención, que admite, como otras del pasado, que es un pedido del gobierno de los Fernández: «El gobierno argentino solicita -sujeto a la aprobación del Congreso del Proyecto de Ley para la Aprobación del Refinanciamiento de la Deuda entre la República Argentina y el FMI- el apoyo del FMI a este programa de políticas que tiene por objeto atender las importantes necesidades de balanza de pagos de Argentina, y que en su mayor parte refleja el calendario de pagos al FMI derivados del Acuerdo Stand-By suscrito en 2018».

La última versión de la carta es del viernes, con revisión el sábado -según las marcas del archivo conocido-. Hasta este domingo no constaba que hubiera sido enviada al FMI. La perla que contiene es un «changüí» para los sectores críticos: «Solicitamos confirmación de que, si en cualquier momento dentro del plazo de duración del acuerdo ampliado el FMI estableciera una nueva facilidad crediticia con mejores términos financieros a la que Argentina tuviera derecho, Argentina tendrá la oportunidad de acceder a la nueva facilidad, de conformidad con las políticas y los procedimientos del FMI.». Es decir, si en el futuro hay un plan mejor, avisen, que nos interesa.

Un acuerdo contra Macri

Con estos términos, la oposición parece más cerca de ayudar sin estridencias a que salga. El oficialismo insistirá en que no se diferencie el financiamiento del plan de los memoranda, pero no se enojará si la mano invisible de la oposición le abre las puertas a la aprobación. Al menos en Diputados. Los bandos en pugna aplicarán una vieja ley, no escrita, de la vida parlamentaria: que el Gobierno -flojo de votos- se lleve la ley y la oposición los discursos.

En el Senado es otra historia, pero ahí el peronismo tiene quórum y que se las vea con sus internas. El clima del plenario es más pacífico hacia el consenso de lo que fueron los concilios en la oposición durante el fin de semana.

Macri concentró la tensión de Cambiemos hasta la reunión de la Mesa de Conducción de este domingo. Recorrió todo el arco de su coalición para repetir su opinion negativa a cualquier apoyo a la letra y el espíritu del acuerdo. Nadie escuchó, tampoco, que aporte alguna táctica para que fracase en el Congreso. Cumplió en los diálogos que tuvo en dejar en claro su idea de que el acuerdo va a fracasar porque el gobierno no lo cumplirá. Lo escucharon desde Gerardo Morales en «Pepino» (panchería de Martínez) hasta Miguel Pichetto en la tarde del sábado.

Devoluciones del peronismo

Sabe que el Gobierno concentró desde 2019 toda la agenda en la deuda que contrajo su gestión con el FMI, con el objetivo de arrinconarlo a él, llevarlo a la Justicia, sacarlo de la cancha como candidato en 2023 y precipitar un cisma dentro de la coalición opositora. En suma, «cristinizarlo», es decir la contrapartida de lo que buscó el macrismo extremo desde 2015: concentrar el fuego sobre Cristina de Kirchner para dividir al peronismo.

En 2016 el peronismo del Congreso ya estaba partido en dos en el Senado y en tres en Diputados. Logró lo que este gobierno no pudo con la oposición: mantuvo la unidad de los bloques, de la Coalición y encima le ganó las elecciones legislativas de 2017. Si no se entiende este proceso, no se explica la resistencia de Macri a que le saquen una foto apoyando un acuerdo «operado» para esmerilarlo. Lo beneficia que tampoco Cristina quiera aparecer avalando. Una rayadura en la carrocería que desnuda precariedades. ¿Le conviene a Macri quedar del lado del cristinismo y de los liberistas -Milei, Espert- en este primer torneo en serio de 2022?

Macri y Cristina, dos minorías

So riesgo de incurrir en el periodismo psicoanalítico que presume de entrar en la mente de los protagonistas, esta tensión entre los dos personajes se comprende a partir de que Macri y Cristina actúan en defensa de sus intereses, desde lo que son: conducen tribus minoritarias en las respectivas coaliciones. Macri es clave en la conducción del PRO, pero ni ese partido ni Juntos por el Cambio le reconocen liderazgo sobre el conjunto. Cristina tiene el mismo papel en el peronismo: manda sobre el PJ de Buenos Aires, el distrito con más votos del país, pero tampoco le conceden liderazgo sobre el conjunto.

Comparte tareas con los tres peronismos restantes: el de los gobernadores, hoy representado en el vértice del poder por Juan Manzur; el massismo que controla Diputados; y Olivos, pedanía en la que manda Alberto Fernández. Viene, además, de perder las elecciones en su distrito y es demostrable que esa derrota en Buenos Aires arrastró a la del peronismo en la mayoría de los distritos de la Argentina. Ninguno de sus socios lo olvida. Estas constancias obligan a revisar estrategias.

A Macri no le alcanzó la demonización de Cristina para impedir la victoria del peronismo en 2019, ni que ella volviese al Ejecutivo, aunque en un puesto auxiliar y de contrafrente como es la vicepresidencia. A Cristina tampoco le ha bastado la demonización de Macri para quebrar a la oposición en el Congreso ni en las urnas.

Ella suma con lo que es, resta con lo que hace

No es novedad lo de los liderazgos necesarios pero insuficientes. Explican no sólo candidaturas y resultados electorales. Un liderazgo es un cóctel del “self” -lo que el político es- y el “role” -lo que el público espera que haga-. Cristina suma con lo que ella es, concentra adhesiones a sus posicionamientos, que nunca son ideológicos, son siempre de apoyo o rechazo a situaciones concretas. Es pragmática y posibilista, lo más lejano posible del ideologismo que sus adversarios le atribuyen, que es una creación proselitista.

Agita anti-americanismo, pero es difícil imaginar un gobierno más pro-Washington que el ciclo Kirchner entre 2003 y 2015. Ese pragmatismo lo expresa a través de dirigentes laterales a quienes bardea en público y en privado, como ocurre con Oscar Parrilli, a quien le inventó un mote ominoso e irreproducible, o a José Mayans, su jefe de bloque, a quien margina de las decisiones en la cámara.

Su vehículo más aceitado es su hijo Máximo, que sólo existe por la maternidad y cuyo único activo es ser quien -se presume- es el único que habla con ella a solas. Difícil que sobre esa base se construya un liderazgo ganador. Es la razón por la cual no sale casi nada de lo que ella pretende. Es una sucesión de fracasos, electorales y de los otros. Pero su “self” le recorta las posibilidades de crecimiento. Su fuerza interna está en retroceso y se sostiene por el tamaño del distrito, negociando con contradictores como los intendentes. El “self” la convierte en un producto ideal para el gorilismo criollo.

El suma con lo que hace, pero resta con lo que es

Macri, por el contrario, suma por el “role” -lo que hace- y resta por el “self” -lo que él es-. Es un ensimismado -condición que destacó Jesús Rodríguez en el documento de evaluación de su gobierno, que hay que releer cada tanto- de un conservadurismo básico que le hace repetir dislates. Como decir que el Chile de Sebastián Piñera es el primer mundo. Se excita con los discursos de las ligas liberales, como le caen simpáticas las ideas de punitivistas y liberistas. Y si te das vuelta, lo saca a bailar a Vargas Llosa.

Con eso no sale de su baldosa. Pero crece con el “role”, con lo que hace. Es el líder que expresa mejor a un sector inflexible del PRO. Tuvo la elasticidad mental para crear Cambiemos con la UCR, la Coalición de Carrió y peronistas 2.0 como Larreta, Ritondo y Santilli. Extendió esas capacidades cuando capturó al peronismo de los normales en el Congreso entre 2015 y 2019 y sumó, en un alarde de capacidad de construcción, a la fórmula a Miguel Pichetto. Tan firme es que le dura, y es una de las claves del voto firme de 2021. Su figura sigue ganando en la categoría presidencial en 5 de los distritos más grandes (Córdoba, Santa Fe, CABA, Mendoza, Entre Ríos; solo perdió en Buenos Aires y Tucumán). Se dice fácil.

Como Cristina es un blanco ideal para el gorilismo, él lo es para el peronismo del AMBA que hoy gobierna. Su compromiso con el fútbol mitiga cierto recelo de clase que despierta en sectores medios y bajos, y alimenta el «negativo» en las encuestas, un demonio que lo persigue desde siempre y que, por momento, ha logrado disipar.

Banderas para revisar

La bandera del FMI fue creada para erosionarlo a Macri ante el público, pero fue ignorada por el electorado en las elecciones del 14 de noviembre. Esa bandera justificó la ley que obliga a que el acuerdo con el FMI pase por el Congreso, y explica las parrafadas anti-Macri del proyecto que se tratará desde este lunes en Diputados. Es esperable que esa concentración de fuego golpee al expresidente. Quien mejor entiende los ataques es siempre la víctima, que se pregunta en cada reunión que tiene con los propios: ¿vienen por mí y quieren que apoye al acuerdo?

La judicialización de las conductas es una herramienta que los políticos usan a discreción contra sus adversarios, pero los mueve al pánico cuando se las aplican a ellos. Lo sabe el oficialismo, cuando atacó en el discurso de Alberto en la Asamblea Legislativa, desde varias trincheras: juicio por el acuerdo con el FMI, causas por presunto espionaje. Faltó que mencionasen las que más inquietan al expresidente, que son las del Correo. Pero bastaron las otras para que la bancada PRO, disciplinada, abandonase el recinto. No lo había hecho hace un año cuando Alberto usó los mismo argumentos descalificatorios. Hay que retener estos comportamientos para explicar gestualidades, sin avanzar en ponderaciones. Nadie puede ser criticado por defenderse.

Estrategias amortiguadas

Las sesiones de comisión de esta semana giran en torno a estos deseos imaginarios de los protagonistas, que están lejos del interés colectivo y, más aún, de las tendencias del voto hacia 2023. Hablar de la herencia recibida y del FMI de Macri no le sirvió al peronismo para ganar en noviembre. En una de esas, sirvió para que perdiera. Los sectores de la oposición ligados a la moderación -el radicalismo, la Coalición, el Peronismo Republicano y un sector del PRO- creen que una caída del país en default merecería un rechazo de la sociedad y podría hacer colapsar el sistema.

Entre ellos han tejido la estrategia que desplegarán desde este lunes, con señales amortiguadas:

– Asegurar el quórum para el proyecto.

– Énfasis en la táctica Carrió (que aceptan todos, oposición y Gobierno) de separar el enlatado que liga la aprobación del financiamiento, de las medidas descritas en los dos memoranda que van como Anexos.

– Tener listo un dictamen de minoría para justificar el rechazo de los memos en la votación en particular.

​- Sacar del escenario a los gurkhas del rechazo. Un oportuno viaje de la AmCham y el Centro de Estudios Americanos desplazó a los EE.UU. a Alfredo Cornejo, que es parte del ala crítica al acuerdo. Estaban en la lista Luciano Laspina y Martín Tetaz, pero se quedaron. Cada voto vale mil en una final copera como ésta.

.

.

Los intrigantes movimientos de Mauricio Macri, y más presión de Cristina y Máximo Kirchner contra Alberto Fernández

Invitación al Facebook Diario Tiempo

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba