La Tragedia de Río Turbio: a veinte años del dramático incendio que aún permanece envuelto en angustia e impunidad

La Tragedia de Río Turbio: a veinte años del dramático incendio que aún permanece envuelto en angustia e impunidad

Las sirenas de las ambulancias se fundían con las del camión de los bomberos. Fue la combinación de sonidos más aterradora para los pequeños poblados santacruceños. A esas alertas les siguieron horas de incertidumbre, silencios oficiales que sólo podían anticipar lo que estaba ocurriendo: una tragedia. Afuera de Mina 5, la gente comenzaba a reunirse, los familiares desesperados sólo preguntaban qué ocurría. Todo eran suposiciones, pero con un grado de certeza que inauguró las horas más dolorosas. En el interior del socavón, 50 mineros luchaban por sus vidas contra los gases tóxicos acumulados y el humo del incendio. Sólo 36 lograron sobrevivir. La Tragedia del carbón, que se llevó la vida de 14 mineros, cumple veinte años. Una herida abierta signada por la impunidad y la corrupción.

La cuenca carbonífera conformada por las pequeñas localidades de Río Turbio, 28 de Noviembre y Julia Dufour, se encuentra al suroeste de Santa Cruz. La zona es el corazón minero de la provincia, donde se enclava el yacimiento más antiguo del país, que en 1958 comenzó a operar bajo el nombre empresario de Yacimiento Carboníferos Fiscales (YCF), hasta que en 1994 el gobierno menemista la privatizó convirtiéndola en Yacimiento Carbonífero Río Turbio S.A (YCRT). Fue el principio de una debacle que se cobraría, años después, catorce vidas.

La empresa está emplazada sobre la avenida YCF, rodeada de grandes montañas de carbón. Su terreno es negro, un negro mineral que impregna todo. Al costado del módulo principal se encuentra Mina 5, el acceso principal al socavón: es una especie de túnel con las siglas de la empresa en la parte superior, pero hace veinte años se le sumaron las imágenes de cascos negros con el número de legajo. Son catorce, en homenaje a los compañeros que no lograron salir con vida el 14 de junio de 2004.

Un equipo periodístico de Clarín, viajó a Río Turbio, visitó las entrañas de la tragedia y habló con algunos de sus protagonistas.

Puerto de Punta Loyola, desde donde se exporta el carbón de YCRT. Foto: Fernando de la Orden

A mano izquierda de la entrada al yacimiento se erige una estatua de Santa Bárbara, la patrona de los mineros. Nunca la omiten, se persignan ante ella antes de ingresar, la respetan. Dentro de la empresa hay una imagen de ella tallada en carbón. El respeto es absoluto y cada día quienes ingresan para descender hasta 600 metros bajo tierra, se encomiendan a su misericordia.

Ese emblemático lugar que es Mina 5 fue epicentro de la tragedia por la que ningún político rindió cuentas ante la justicia, como tampoco gran parte de los empresarios que tuvieron a cargo la concesión, entre ellos, Sergio Taselli, quien por mes recibía 22,5 millones de dólares en subsidio del Estado nacional, para el pago de salarios. Según repiten en Río Turbio, "no sólo no pagaba los sueldos, sino que dejó de invertir en materia de seguridad, vació a YCRT y la dejó en condiciones deplorables".

Volvemos en el tiempo a la noche del lunes 14 de junio de 2004: a las 22, como cada noche, cincuenta mineros ingresaron al tercer turno de trabajo que concluía a las seis de la mañana.

Se cumplen 20 años de la tragedia minera en Santa Cruz. Foto: Fernando de la Orden Se cumplen 20 años de la tragedia minera en Santa Cruz. Foto: Fernando de la Orden

La rutina no tuvo ninguna alteración sino hasta las 22.30 cuando un llamado telefónico dio la orden a un supervisor que se encontraba en interior de mina, para que desaloje al personal de su área. La medida no llamó la atención porque siempre había simulacros que les exigían salir a la superficie dejando las herramientas de trabajo.

Nadie se ocupó de explicar la gravedad de la situación desde un comienzo, ni mucho menos especificar al personal que no estaban en un simulacro. La orden de evacuación respondía a que algunas de las autoridades de YCRT ya sabían que se trataba de un incendio. Los 50 mineros jamás supieron eso. Quienes lograron sobrevivir aquella madrugada no dimensionaron a lo que se enfrentaron sino hasta que estuvieron fuera del socavón.

Los mineros que estaban cumpliendo el tercer turno de la noche se subieron a un camión que los conducía hacia lo que creyeron era, la salida. Pero aquel camino se convirtió en una trampa. En pocos minutos un humo espeso invadió cada rincón de la mina, ahogando el motor del vehículo que los transportaba y causando su choque contra una de las paredes de la mina.

El recuerdo de los 14 mineros está presente en cada rincón de Río Turbio. Foto: Fernando de la Orden El recuerdo de los 14 mineros está presente en cada rincón de Río Turbio. Foto: Fernando de la Orden

Cuando Juan Carlos González abrió la compuerta del camión se encontró con un humo jamás visto: negro, espeso, de una absoluta oscuridad y que en minutos se consumía todo el oxígeno existente. En silencio para no malgastar el poco aire que tenían, los mineros descendieron del vehículo y sólo empezaron a caminar hacia la boca de la mina, un camino de entre seis y siete kilómetros, en subida y sin la más mínima posibilidad de ver por dónde iban.

Comenzaron a caer sobre ese suelo rocoso, de color negro, árido, y algunos para recuperar un poco de oxígeno hacían pozos en la tierra, escupían en ellos para poder filtrar el aire y con las pocas fuerzas que les quedaban, volvían a erigirse para continuar buscando la salida. Nadie entendía lo que ocurría porque un incendio en una mina de carbón no es habitual.

Recuerda el detalle de aquellos minutos que fueron eternos y un infierno. Conserva en su memoria emotiva los gritos de sus compañeros agonizando, “hombres grandes pidiendo por sus madres, gemidos, gritos aterradores”, y no puede evitar quebrarse. “Yo no podía hacer nada, no podía volver” y la voz se le pierde entre las lágrimas. Si retrocedía sobre sus pasos, sólo lo aguardaba la muerte. Hoy cuenta su historia, que a veinte años sigue tan vívida como aquel 14 de junio.

Se cumplen 20 años de la mayor tragedia en la actividad minera en YCRT. Foto: Fernando de la OrdenSe cumplen 20 años de la mayor tragedia en la actividad minera en YCRT. Foto: Fernando de la Orden

Fricción, humo y una chispa fatal

Tiempo después, los informes periciales explicaron lo que ocurrió. La fricción entre la cinta transportadora de carbón y los metales que la propulsaban, generó un intenso humo dentro de la galería 185. De esa forma se había producido el atrapamiento de los mineros que nunca lograron salir, a la altura de la Unión 9, a unos 1.000 metros del acceso principal del socavón.

A las 22:30 parte del personal que se encontraba en el interior de la mina llamó al jefe de seguridad, Héctor Shabner, para informar que percibían un olor a humo proveniente de la unión 9. Para las 22:43 dos operarios confirmaron la existencia de humo y fuego. A esa hora se informa al jefe sobre la situación y se da aviso a los bomberos de Río Turbio, a Gendarmería Nacional, al hospital de la ciudad y de 28 de Noviembre.

“Sabíamos que había gente del otro lado y que nosotros ya no podíamos hacer nada por la sencilla razón de que íbamos a pasar a ser parte del problema. Si avanzábamos, no íbamos a poder regresar. Se estaba quemando todo. Nunca tuvimos la posibilidad ni siquiera de acercarnos a apagar el incendio. Nosotros tirábamos agua y se nos derrumbaba la caverna, porque estaban en un estado de incandescencia”, relata a Clarín Alejandro Clark, el ex jefe de Bomberos.

Los 14 mineros fallecidos fueron velados de forma conjunta en Río Turbio. Foto Archivo Clarín.Los 14 mineros fallecidos fueron velados de forma conjunta en Río Turbio. Foto Archivo Clarín.

Minutos después todo se volvió incontrolable. En un momento el jefe de bomberos escuchó el estruendo: la mina se había derrumbado, dejando atrás cualquier posibilidad de ingresar para buscar a los hombres que aún estaban adentro. Cuando llevaban una hora en el hospital, algunos de los 36 mineros que lograron sobrevivir preguntaron la hora: era pasada la medianoche. Entonces entendieron que habían perdido a sus compañeros.

Fue cuando se puso en marcha el operativo de rescate. Al día siguiente del siniestro, fue convocado el equipo para planificar el ingreso de personal especializado que iba a buscar los cuerpos de los fallecidos. Ya sabían que eran catorce. La mina se encontraba tabicada con fuerzas federales y provinciales. El entonces intendente de la cuenca, Matías Mazú, decretó el estado de emergencia.

Néstor Kirchner viajó al entierro de los 14 mineros fallecidos. Foto Télam.Néstor Kirchner viajó al entierro de los 14 mineros fallecidos. Foto Télam.

Un inmenso luto colectivo

La cuenca quedó inmersa en un luto colectivo. Sergio Barrionuevo, uno de los rescatistas contó a Clarín: “Cuando llegamos allá nos encontramos con un panorama bastante feo en todo sentido, en la movilización social que había por el evento, por la cantidad de personas. En la parte profesional nos encontramos con un evento no muy habitual, un incendio en minas, la verdad que sólo lo veíamos en noticias muy de vez en cuando y esa vez la verdad que nos tocó dolorosamente vivirlo acá en la provincia”.

A raíz del derrumbe, los rescatistas tuvieron que buscar un ingreso alternativo y eso demandaba mucho tiempo, mucha distancia para atravesar, para recién entonces empezar la búsqueda de los cuerpos. Cuando ingresaron, el primer impacto fue el golpe de calor a raíz de la enorme cantidad de temperatura contenida dentro de las galerías. Además, se sumaba el humo estanco contenido, que era muy espeso y dificultaba la visibilidad.

Pese a todo ello, Barrionuevo recuerda que el mayor golpe fue cuando comenzaron a salir con los cuerpos de la mina: “los familiares esperaban aún con esperanza tener una noticia buena, eso fue lo que más me movilizó”.

El hallazgo de los cuerpos fue escalonado, porque no se encontraban juntos en un único lugar. “Esto se debe a que el incendio se desarrolló en el camino de salida del sitio donde ellos estaban trabajando. Entonces tuvieron que buscar una salida alternativa. Y estaba a muchos kilómetros de distancia. La gente empezó a correr hacia ese lugar de salida. Entonces fuimos encontrando cuerpos a diferentes distancias, algunos cerca de la salida”.

Fueron nueve días de trabajo continuo hasta la recuperación del último cuerpo.

Las ciudades mineras iniciaron un duelo que nunca cesaría. Esa herida continúa abierta veinte años después. Se realizó un velatorio colectivo, catorce con cajones dispuestos uno al lado del otro, una larga peregrinación donde sobresalía la luz de los cascos de los mineros que cargaban los cajones de sus compañeros. Un llanto compartido y el reclamo unánime de justicia.

Una noticia de impacto nacional

Para entonces, la tragedia había alcanzado un impacto nacional: Néstor Kirchner, ex gobernador de Santa Cruz, llevaba poco más de un año como presidente de la Nación. Viajó a los pocos días a Río Turbio, acompañado del entonces gobernador Sergio Acevedo. Anunciaron un plan de inversión para YCRT, ayuda a los familiares de las víctimas y sobrevivientes.

Una década se demoró la justicia federal de Santa Cruz en realizar el juicio oral. Declararon 84 testigos: peritos oficiales, médicos, especialistas en seguridad, bomberos, empleados de la mina y sobrevivientes de la tragedia. Sólo fueron condenados Héctor Schabner, jefe de seguridad, y Esteban Loncaric, entonces gerente general. Les dieron tres años de cárcel en suspenso, acusados de ser coautores de estrago culposo agravado por la muerte de 14 personas. El tercer acusado terminó absuelto y los juicios civiles nunca se resolvieron.

“Cuando la justicia es lenta no hay justicia. Ahora a veinte años los deudos recién están empezando a cobrar las indemnizaciones de los juicios civiles. Creo que en este caso la justicia llega demasiado tarde y se torna en una justicia que no puede satisfacer a las víctimas”, reflexionó el abogado querellante Sandro Levin Dumenes.

El empresario Sergio Taselli, a quien Carlos Menem le dio la concesión de YCRT -y nunca controló-, jamás respondió ante la justicia por la muerte de los mineros. Terminó preso en 2018, por un corto período, pero en la causa conocida como los Cuadernos de las Coimas.

Sólo fue acusado por el vaciamiento de la empresa una década después, cuando el gremio ATE comenzó a radicar las denuncias en su contra.

La empresa concesionaria violaba todas las políticas de seguridad: “no se adoptan medidas de seguridad para evitar altos riesgos que exponen a máquinas y personal a accidentes irremediables, reiteramos la necesidad a fin de evitar graves inconvenientes que pueden desencadenar en un desastre con gravísimas consecuencias”, resaltaba una de las denuncias de 1999.

La mina que fue epicentro de la tragedia volvió a la actividad pocos meses después del incendio y derrumbe. Fueron los propios mineros los que comenzaron la tarea de remoción de los escombros bajo la conducción como nuevo interventor de Daniel Peralta, designado por Kirchner.

Con el dolor latente y el entierro colectivo aún en la retina, los mineros pusieron en funcionamiento la mina con lo poco que Taselli había dejado. “Estaba atado con alambre, Taselli nunca invirtió en seguridad, los mineros hacía mucho tiempo no cobraban sus sueldos, lo que pasó fue una tragedia anunciada”, dijo Peralta en diálogo con Clarín.

El yacimiento rodeado, de números en rojo por no llegar a su máximo potencial de extracción, sigue siendo el motor económico de estos pueblos santacruceños. La mina cuenta con más de 80 kilómetros de galerías y los trabajadores descienden entre 400 a 600 metros bajo tierra, para trabajar en los mantos de carbón.

Hay mineral para muchos años más, pero la empresa requiere -según el actual interventor de YCRT, Thierry Decoud- un plan de trabajo que la ponga en valor. “No va a dar ganancia, pero al menos no va a ser deficitaria”, indicó. Al igual que el gobernador Claudio Vidal, Decoud cree que la privatización no es el camino. La incertidumbre está latente y afecta a más de 2.000 puestos de trabajo. Mientras, los mineros continúan ingresando al socavón donde en aquella Unión 9 hay una placa con el nombre de sus catorce compañeros.

Se cumplen 20 años del incendio en Mina 5 que se cobró la vida de 14 mineros. Foto: Fernando de la OrdenSe cumplen 20 años del incendio en Mina 5 que se cobró la vida de 14 mineros. Foto: Fernando de la Orden

La única iluminación en esos túneles bajo tierra, es la que proporciona la linterna del casco, el sonido permanente que marca el ritmo es el de la máquina rozadora que va sacando capas de mineral. El pico de los mineros también suma un peculiar sonido a la jornada, acompañado de la cinta transportadora, ahora única y automática, no como aquella que dio inicio al incendio de 2004 generando una tragedia sin precedentes en YCRT.

Tres palabras surgen de inmediato cuando se habla con algunos sobrevivientes y familiares de aquel fatídico 14 de junio de hace veinte años: dolor, impunidad, orgullo. Esto último, se desprende en los testimonios de quienes ven en la empresa un lugar de pertenencia, identidad, y lo muestran en palabras cargadas de pasión cuando hablan de esa vida que transcurre parte del día, bajo tierra, asumiendo riesgos, en la oscuridad.

Investigación periodística y textos: Lucía Salinas. Edición: Claudio Savoia. Equipo audiovisual: a cargo de Federico Briem Stamm, junto a Marcelo Figueroa y Marcelo Ferreiro. Cámara y Fotografía: Fernando De la Orden. Edición y Cámara: Matías Arrascoyta. Diseño: Bárbara Vaccaro y Tomás Pertusi.

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