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En el seno del albertismo también hay divisiones y piden volver a “poner en eje” al Presidente

Las diferencias entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner son indisimulables, pero no son las únicas que existen en el oficialismo. Los dirigentes que sostienen al Presidente plantean estrategias distintas para sortear la crisis política. En el albertismo también hay halcones y palomas. Varios esperan una señal contundente del Presidente que, por ahora, no llegará.

En la Casa Rosada explicitan las divergencias al mismo tiempo que bregan por la unidad. Algunos funcionarios sostienen que las definiciones están en manos de La Cámpora y el Cristina Kirchner, que operó para sumar votos en contra del acuerdo con el FMI. «Mientras más tiempo pasen adentro, más difícil será que se diferencien», explican.

Fernández, por ahora, por necesidad o convicción, volvió a elegir la unidad. «Ya tuvimos demasiados años para distanciarnos, pelearnos y marcar diferencias», dijo el viernes en Tucumán. Como una estrategia pendular, por la tarde agradeció la responsabilidad institucional de quienes acompañaron la ratificación del acuerdo con el FMI.

El ministro de Hábitat Jorge Ferraresi es una rara avis dentro del ecléctico Frente de Todos. El intendente en uso de licencia de Avellaneda fue uno de los últimos en sumarse a la mesa política del jefe de Estado que suelen compartir los lunes el canciller Santiago Cafiero y los jefes de las Carteras de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, y Desarrollo Social, Juan Zabaleta. Ferraresi es además vicepresidente del Instituto Patria, suerte de think tank K fundado por Cristina Kirchner en 2016.

Esa trayectoria le permite ser uno de los pocos dirigentes cercanos al Presidente con llegada a la vice, aunque en otras épocas el diálogo fue más fluido. Se anima de tanto en tanto a esbozar una crítica a su posición. Hablaron por última vez hace tres semanas.

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Ferraresi es uno de los pocos dirigentes que dice en voz alta que ni el diagnóstico político de Alberto Fernández ni el de Cristina son acertados. “Alberto cree que crece cuando se aleja de Cristina y eso no es cierto. Y Cristina está convencida de que los votos son suyos y eso tampoco es verdad, porque los votos no son de nadie”. Esa es palabras más/palabras menos la mirada del ministro según cuentan funcionarios que lo frecuentan.

Nadie puede espetarles supuesta falta de kirchnerismo en sangre, algo similar a lo que ocurre con ex ministro de Defensa Agustín Rossi, que sigue sonando para una revisión ministerial. Plantean mantener la alianza con el kirchnerismo y limitar el poder de acción de La Cámpora, aunque eso no implique necesariamente que los funcionarios de la agrupación de Máximo Kirchner dejen sus cargos en el Ejecutivo.

Aun con matices, todos los ministros-intendentes de Fernández sufrieron en sus distritos el avance de La Cámpora. “La mecánica es siempre la misma: tensionan abajo para imponerse arriba”, sostiene un funcionario de una de las carteras.

A Ferraresi no le cayó en gracia un comentario de Mayra Mendoza durante la reunión de mujeres del PJ bonaerense de la semana pasada en San Vicente, adonde pasó a saludar Máximo Kirchner. La intendenta de Quilmes y dirigente de La Cámpora reclamaba que este gobierno se reflejara en el de Cristina Kirchner. Para el ministro podría ser un error. Considera que algunas dependencias públicas funcionan mucho mejor en la gestión actual que en la de ex presidenta. Los ejemplos incluyen a Hábitat, pero también a la ANSES que hoy conduce la camporista Fernanda Raverta.

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A pesar de las fotos y los actos compartidos con Wado de Pedro, a Juan Zabaleta lo señalan desde La Cámpora como uno de los principales instigadores del albertismo contra los funcionarios K. El intendente en uso de licencia de Hurlingham levantó justo antes de que cerraran las listas su boleta para enfrentar a La Cámpora en internas. Finalmente hubo acuerdo, pero el camporista Damián Selci se quedó con el ejecutivo municipal.

Katopodis, en cambio, siempre tiene un tono más conciliador. Está preocupado por la necesidad de que el Ejecutivo imponga una agenda propia y propositiva, como la de Matías Kulfas.

En algunos de los despachos más importantes del Congreso aseguran que el Presidente no atraviesa su mejor momento. “Alberto está desenfocado y hay que ayudarlo a que recupere el eje”. Advierten con preocupación que algunos legisladores con acceso frecuente a Olivos le llenan la cabeza al mandatario en contra del hijo de la vice.

Más cercanos al Presidente que los ministros-intendentes son la secretaria Legal y Técnica Vilma Ibarra y el jefe de asesores Juan Manuel Olmos. Ambos cuentan con despacho en la Rosada y en septiembre pasado se impusieron ante los albertistas, como Gustavo Beliz o el renunciado secretario de Comunicación Juan Pablo Biondi, que le insistían a Fernández a Fernández con que aceptara las renuncias de los ministros kirchneristas. Su posición hoy no está tan clara. 

El Movimiento Evita, que siempre tensionó con La Cámpora, también tiene reclamos para sus aliados. Señalan que los intendentes no le ponen el cuerpo a las marchas como al del 1 de marzo y que instalan cartelería pero no movilizan manifestantes.

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