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El FMI demora una definición sobre la baja de tasas y complica la apuesta de Guzmán

Cada cinco años, el Fondo Monetario revisa los determinantes de la tasa de interés de base de los Derechos Especiales de Giro (DEGs), la moneda del FMI, tal y como lo advierte en su página web. La última vez que las revisó fue en marzo de 2016 y fue la decimocuarta revisión de tasas en la historia del organismo.

Así en marzo de 2021 le habría tocado el turno a la decimoquinta revisión, aunque hasta ahora el organismo no le puso fecha.

Dentro de la revisión periódica, que la Secretaría del Fondo Monetario debería poner en agenda para este año, también entrarían los considerandos sobre las demás tasas del organismo. Entre ellas, las sobretasas que se les cobra a los países como penalidad cuando piden asistencia excesiva sobre lo que les corresponde en relación a la cuota que aportan. Así y todo, fuentes oficiales no descartan que el organismo, con motivo de la pandemia, lo postergue para el año que viene.

Como consignó este medio, por el cuantioso volumen («Acceso Extraordinario») del crédito que pidió Argentina en 2018 se paga 3% nominal anual en dólares de penalidad por encima de la tasa básica del organismo, situada en 1,05%. Bajo el esquema actual de penalidades a los que piden «Acceso Extraordinario», la penalidad podría ser del 2% anual, o el 1% si el monto fuera sensiblemente menor.

Sin embargo, la realidad de la última década muestra que los países que tienen necesidades de financiamiento dentro de los márgenes no extraordinarios, tampoco tienen necesidad de ir al Fondo. En otras palabras, si el Fondo nació en Bretton Woods como prestamista de última instancia, como un «bombero» para las crisis de balanza de pagos o de cuentas corrientes, los incendios por los que no cobraría sobretasas, son aquellos de una magnitud tal que se apagan con el matafuego del auto o uno doméstico y no requieren de llamar al bombero.

Si para la decimocuarta revisión, las reuniones habían comenzado dos años antes en mayo de 2014 y el tema fue discutido por las potencias movidas por la experiencia de la crisis de 2009, que afectó a los países centrales y supuso un riesgo sistémico para la banca global. Esta vez el tema quedó postergado y no se hilvanó en la columna vertebral de la agenda del FMI, tal vez porque los países más complicados financieramente de los últimos años fueron Argentina, Ecuador, Egipto y Turquía.

En este sentido, la demora en llegar a un acuerdo con el FMI tiene un incentivo adicional. De darse el debate en el organismo y conseguir una reducción de las sobretasas para todos los países con endeudamiento por montos de «Acceso Extraordinario», Argentina negociaría bajo un nuevo marco de referencia. Incluso sin llegar al objetivo de máxima de Guzmán que, como adelantó este medio, consiste en que el organismo cree un nuevo producto acorde a las crisis de deuda del siglo XXI en las que la norma es necesitar «Acceso Extraordinario».

No en vano, el galardonado economista Jeffrey Sachs viene abogando por un nuevo Bretton Woods que cree instituciones capaces de dar respuesta a los problemas financieros que generan las nuevas finanzas globales, para los cuales el FMI actual no está capacitado para dar respuestas.

No casualmente, el representante argentino ante el FMI, Sergio Chodos, aseguró en declaraciones radiales este jueves respecto del cierre de un nuevo acuerdo que: «Hay una dimensión de calendario, una dimensión técnica y una dimensión de definiciones políticas. En lo técnico, el primer vencimiento de capital del préstamo del 2018 ocurre en septiembre de este año. Si vamos a refinanciar el programa, deberíamos tener cerrado algo antes. Si vamos a cancelarlo parcialmente de otra forma y después refinanciar, puede ocurrir después. Idealmente, el total de las acreencias se podría refinanciar antes, si cerramos un programa antes, si estás en la mitad del proceso electoral, no es lo ideal. Son definiciones y uno las va articulando, esos son los plazos».

Hay una dimensión de calendario, una dimensión técnica y una dimensión de definiciones políticas. En lo técnico, el primer vencimiento de capital del préstamo del 2018 ocurre en septiembre de este año. Si vamos a refinanciar el programa, deberíamos tener cerrado algo antes. Idealmente, el total de las acreencias se podría refinanciar antes si cerramos un programa, (pero) si estás en la mitad del proceso electoral, no es lo ideal.

Bajo el esquema actual, las sobretasas son la fuente de ingresos corrientes para el organismo; en esencia, pagan los víveres de todo el funcionariado y por eso, la baja de tasas que viene enarbolando Guzmán sería como «una dosis de su propia medicina», un ajuste estructural sobre el gasto corriente del organismo.

Pero también son la fuente de ingresos que habilitan al FMI a desarrollar programas de excepción, como los que el organismo está desplegando en estos momentos para los países de más bajos ingresos, con los programas de reducción de la pobreza y de construcción de confianza sin cobrar sobretasas e incluso a tasa cero.

Y este fue el argumento que esgrimió este miércoles Kristalina Georgieva en defensa de las sobretasas de interés: «Las sobretasas le permiten al Fondo continuar con su papel de prestamista global de última instancia en tiempos de crisis, algo que hemos visto desplegado a sus anchas durante la pandemia. Así, ayudan a fortalecer la capacidad prestable del FMI. En particular, permitiéndonos proveer recursos a los miembros a tasas asequibles, a menudo cuando están excluidos de los mercados privados de deuda o enfrentan tasas a niveles insosteniblemente elevados. Nos permiten ayudar a los miembros de bajos ingresos en especial, fortaleciendo muestra capacidad financiera», recordó Georgieva.

La Política Online

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