Cruces, reproches y la sospecha de una traición: escala la pelea en la CGT por la violencia en Congreso y la relación con Milei

Cruces, reproches y la sospecha de una traición: escala la pelea en la CGT por la violencia en Congreso y la relación con Milei

Por partida doble, la palabra traición recorrió todos los pasillos del mundo sindical desde la violencia que empañó el último miércoles la marcha contra la Ley Bases frente al Congreso. Sospechas y acusaciones cruzadas que profundizaron el escenario de tensión que desde hace semanas divide a la primera línea de la CGT, entre los grupos alineados con Pablo Moyano y el kirchnerismo que promueven la confrontación total con la administración libertaria, y los sectores mayoritarios de la conducción que alimentan cada vez con mayor firmeza un tregua con Javier Milei. De uno y otro lado se empeñan en negarlo, pero el punto de quiebre interno parece irrefrenable.

Los graves incidentes en la movilización acentuaron las diferencias. El número dos de Camioneros, el único miembro del triunvirato cegetista que llamó a marchar pese a la decisión de la cúpula sindical de tomar distancia de la protesta y dar libertad de acción al resto de los sindicatos, fue el primero en hablar públicamente de traición al cargar contra los senadores del PJ que votaron en favor de la Ley Bases "traicionando los principios del peronismo", lanzó.

Pero su denuncia se convirtió en una especie de bumerang cuando desde la propia interna sindical se multiplicaron las sospechas sobre la sugestiva actitud de la columna que lideró el camionero en la manifestación. Los cuestionamientos referían a la llamativa decisión del dirigente de retirarse de la protesta junto a los manifestantes de su gremio una hora antes de que estallara la violencia en las inmediaciones del Congreso, pese a que al inicio de la marcha y frente a las cámaras de televisión había prometido permanecer en el lugar todo el tiempo que se extendiera la sesión del Senado.

"Estaba avisado desde el día anterior que a las 15 la situación se iba a complicar", señaló ante Clarín un importante cacique cegetista para explicar la sorpresiva conducta de Moyano. Otro gremialista dio crédito a la misma versión y deslizó que el camionero había sido alertado de posibles incidentes presuntamente por sectores vinculados a los servicios de inteligencia.

Los reproches por la actitud del camionero desataron el malestar generalizado de otros grupos sindicales (varios gremios K y de las CTA, movimientos sociales y agrupaciones de izquierda) que también se movilizaron frente al Congreso y que junto a sus militantes quedaron en soledad y en medio de los incidentes tras la partida del triunviro cegetista y su columna. Pero también estallaron las críticas dentro de la cúpula cegetista, donde acumulan bronca contra el dirigente y hasta suman la adhesión del propio Hugo Moyano. "Quedó demostrado que no teníamos por qué movilizar y menos mezclándonos con otros sectores que nada tienen que ver con nosotros", cuestionó Andrés Rodríguez, secretario adjunto de la central y líder de UPCN, en una abierta reprobación al número dos de camioneros.

La queja de Rodríguez exteriorizó la sensación compartida entre los grupos mayoritarios de la conducción sindical (los llamados "gordos" de los grandes gremios de servicios y el frente de "independientes" que componen, además de UPCN, la Uocra y Obras Sanitarias), que -en las antípodas de la posición combativa que alienta Moyano hijo- apuestan a profundizar los canales de diálogo abiertos con la gestión Milei y avanzar en algún esquema posible de tregua.

Esa posición de nutre de ciertos guiños que obtuvieron los sindicalistas tanto en las conversaciones formales como en algunos encuentros reservados que mantuvieron en las últimas semanas con funcionarios o delegados del Gobierno para destrabar sus reclamos por la distribución de los millonarios fondos de las obras sociales. Una sensación similar se llevó el propio Hugo Moyano de las reuniones en las que logró destrabar la revisión de la negociación salarial de Camioneros la semana pasada, según contó ante un grupo de dirigentes de confianza.

En la CGT destacan especialmente los esfuerzos dialoguistas del jefe de Gabinete, Guillermo Francos, y del asesor todoterreno de Milei, Santiago Caputo. También las gestiones de Julio Cordero, al frente de la Secretaría de Trabajo, con quién varios sindicalistas compartieron hasta la semana pasada los pasillos de la OIT en Ginebra. Con ellos los sindicalistas apuestan a resolver un tema central de su preocupación sobre la sanción del Senado: la incorporación a la Ley Bases de un artículo específico que penaliza los bloqueos sindicales y tomas de fábricas.

"Podrá configurar grave injuria laboral, como objetiva causal de extinción del contrato de trabajo, la participación activa en bloqueos o tomas de establecimiento", señala el artículo 242 del proyecto aprobado por el Senado y que ahora deberá volver a Diputados para su sanción definitiva. La CGT había logrado excluir esa medida de la media sanción original de la Cámara baja y ahora negocia con funcionarios y con algunos de sus aliados legislativos, como Miguel Pichetto el jefe del bloque Hacemos, que el artículo sea eliminado definitivamente de la ley. "Hay voluntad de resolver algunas cuestiones, esperamos que esto también quede afuera", confió a Clarín uno de los sindicalistas que participa de las negociaciones.

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