Cristina Kirchner desautoriza a Máximo, y Silvina Batakis a la clase media

Extrañamente la renuncia de Martín Guzmán se terminó convirtiendo para Cristina Kirchner, en un triunfo con sabor amargo. Venía persiguiendo ese objetivo desde hacía tiempo, abiertamente, a través de críticas públicas de dirigentes camporistas contra el ministro de Economía. Pero cuando finalmente consiguió que dejara su cargo, en otro nuevo error de cálculo político de la vicepresidenta, provocó una recesión que recuerda a los peores momentos de la economía argentina. Y que persiste.

“Ibamos cayendo de a un escalón, con pequeños movimientos del dólar y una inflación que si bien era alta se estaba amesetando en 5 puntos o menos. Hasta que renunció Guzmán y nos caímos un piso entero. Ahora, todo es impredecible”, graficó un funcionario nacional.

La semana voraz que transcurrió, dejó expuesta la impericia de la vicepresidenta pero también las restricciones que tiene La Cámpora dentro del esquema del Frente de Todos. En algún momento se alimentó en el imaginario que, en ciertas ocasiones, la incidencia de esta agrupación creada tempranamente por Néstor Kirchner para suplir la falencia de cuadros dirigenciales, era determinante sobre Cristina.

En esa misma construcción dogmática se ha buscado magnificar la figura de Máximo Kirchner, en lo formal el jefe de La Cámpora –¿y en la práctica?-, presentándolo como un “estadista” o un “líder político” con “amplitud, coherencia y visión estratégica”. Pero de inmediato, surgen dudas cuando un dirigente político y peronista es blindado de tal manera que sólo ofrece discursos esporádicos y guionados –que tampoco sobresalen- y a quien le está prácticamente vedado el contacto con periodistas, sobre todos con aquéllos que no son militantes K y que podrían auscultarlo y determinar su verdadero peso específico a nivel político. Tal vez, un intento de recrear la existencia de un legado de Cristina.

Lo cierto es que Máximo Kirchner ha sido varias veces desautorizado en estos días de crisis por su madre, por tejer maniobras políticas de las que ella no estaba de acuerdo, o al tanto. La primera, volver a impulsar a Sergio Massa para que ocupara un Super Ministerio. La Cámpora acompañó al titular de la Cámara de Diputados hasta el último minuto en que se conoció que la reemplazante de Martín Guzmán era Silvina Batakis. “No puede ser, mañana tiene que haber más cambios, Batakis sola no dura una semana”, fueron algunas de las reacciones en la agrupación al enterarse que Massa se quedaba afuera porque Cristina había decidido,con Alberto, nombrar a Batakis.

El exministro argentino de Economía Martín Guzmán. Foto: (Xinhua/Martín Zabala

Atrás había quedado un entramado político que se filtró, en función del cual era casi seguro que Sergio Massa fuera a la Jefatura de Gabinete; Marco Lavagna –que nunca aceptó- a Economía; Martín Redrado –a quien nunca se le ofreció nada pero siempre se las arregla para hacer trascender que le han ofrecido algo- al Banco Central; y Guillermo Michel a la AFIP. Nada de eso ocurrió, pero no sólo el tigrense se quedó sin nada. También Máximo K.

En paralelo, el ex jefe de bloque del FdT también empezó a tender puentes con el Movimiento Evita pese a que Cristina cuestionara el manejo de los planes por parte de las organizaciones sociales, apuntándole así al espacio que manejan Emilio Pérsico y Fernando “Chino” Navarro, columna vertebral del albertismo. Máximo pretende que en la provincia haya una mesa política homogénea, donde estén todos, porque es fundamental para que el kirchnerismo logre retener el distrito bonaerense en 2023.   El viernes pasado, Cristina K volvió a insistir en la idea de reducir la cantidad de planes sociales que hoy llegan a 1.300.000. Recordó que en su gestión bajaron a unos 220.000 después de los más de 2 millones que habían recibido tras la gestión de Duhalde. Otro palo para el Evita.

“Máximo arma algo y Cristina muchas veces se lo detona. Ella es la que manda y no siempre coincide”, describe un dirigente bonaerense.

La vicepresidenta no quiere por ahora ningún arreglo con el Movimiento Evita y eso alentó al Chino Navarro a asegurar, semanas atrás, que si no los dejan competir en unas PASO en la provincia de Buenos Aires, podrían presentar candidatos por afuera del Frente de Todos. Quizás lo que Cristina pretende es negociar más adelante, pero no cree que ahora sea el momento.

“Lo ocurrido con Guzmán expone la gravedad de la situación. Las semanas próximas pueden ser más complicadas. No sólo hay que esperar movimientos con el dólar o el riesgo país, pero habrá un fuerte traslado hacia la suba de precios, la caída del salario, la merma de actividad económica, el ruido de nuevas paritarias. Ya no alcanza la señal política, si Alberto y Cristina se muestran juntos o tomando un café”, dice un miembro del equipo económico de Néstor Kirchner.

Hasta la mirada de economistas afines al Gobierno es crítica. Uno de ellos cree que Alberto y Cristina dejaron acumular toda serie de desequilibrios. Si bien Cristina tiene un enorme poder, no tiene todo el poder. Esa cuota que todavía maneja Alberto, como el Banco Central o el vínculo con el FMI y el cumplimiento del acuerdo, le es ajeno a la vice.

Se va deteriorando la capacidad política del oficialismo, que ya no puede pasar proyectos por el Congreso. La propia Cristina Kirchner no logró reunir el quórum necesario en el Senado, que era una cámara donde aprobaba lo que se le ocurría, y tuvo que bajar la sesión para tratar la ampliación de la Corte porque uno de sus aliados, el puntano Adolfo Rodríguez Saá, simplemente se rebeló.

A ese cuadro se suman dichos tan incongruentes como el de Silvina Batakis, en el sentido que “el derecho a viajar colisiona con la generación de empleo”, son indefendibles. Debería empezar por explicárselo a Cristina que en medio de la crisis y la falta de dólares gasta unos 20 mil dólares en cada vuelo que hace hacia Santa Cruz o regresa a Buenos Aires.

La ministra de Economía, Silvina Batakis. Foto: Martín Bonetto.

La ministra de Economía, Silvina Batakis. Foto: Martín Bonetto.

Al parecer, la clase media que representa a un 45% de los argentinos, no tiene derecho a viajar. Segmento social al que Cristina y su hijo suelen asociar con los porteños, a los que atacan permanentemente.

“La trilogía del gran deseo de la clase media está fuera de juego: comprarse su casa, comprarse un auto o hacer un viaje al exterior. En el 2013 se vendieron 955 mil autos, con Mauricio Macri 900 mil y este año, 350 mil. En 2017 viajaron 4 millones de personas al exterior, el año pasado sólo 600 mil”, describe Guillermo Olivetto, de la Consultora W.

Asegura que no es masivo el éxodo de la clase media, pero sí es masivo el discurso sobre el éxodo. “Sobre todo en la clase media y en los jóvenes, una generación que ve que le cuesta conseguir un trabajo razonable, que le cuesta ahorrar, que quiere viajar. Hoy buscan trabajar para afuera cobrando dólares o yéndose. La cultura está diciendo que esto ya no tiene arreglo aunque lo haya”, afirma.

Para los países desarrollados la clase media es el motor porque representa valores que hacen grande a un país como el trabajo, el esfuerzo, el mérito, la autonomía. Es un segmento social que quiere hacerse cargo de su vida, no que esté a cargo el Estado.

“La Argentina si no se degradó más es porque el 45% de su familia es de clase media y el 75 u 80% se autopercibe de clase media. Creo que allí radica la esperanza”, concluye Olivetto.

Suena paradójico que entre miles de promesas ningún candidato a Presidente haya propuesto convertir a los beneficiarios sociales en clase media, o transformar a la Argentina en un país de clase media. ¿Habrá algún motivo oscuro detrás?

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