Axel Kicillof, preocupado por la pérdida de los fondos discrecionales, apuesta a la dispersión opositora para gobernar

El cambio de época que algunos cientistas atribuyen a la irrupción de Javier Milei, tendría, en caso de comprobarse en el Ejecutivo nacional, una inercia más compleja en la Provincia por la atomización opositora y porque Axel Kicillof se prepara para el usufructo en la Legislatura, donde se modela la gestión.

Las rupturas de Juntos por el Cambio y la implosión parlamentaria de La Libertad Avanza no auguran expectativas sobre estrategias comunes para condicionar el tratamiento de las leyes de la Gobernación. Menos, aún, imponer criterios radicales que provengan desde la Casa Rosada. Admiten oposición y oficialismo que los términos de funcionamiento institucional serán a través de acuerdos multipartidarios. “Ley por ley”, según la expresión repetida de los nuevos parlamentarios después de la jura de este jueves.

A diferencia del primer período, Kicillof empieza su segundo mandato con bloques de la oposición dispersos. En Diputados, el PRO, la UCR y la CC formarán un interbloque (una figura que no contempla el reglamento de la Cámara), preservando autonomía de acción, y La Libertad Avanza (LLA) irá dividida en cuatro espacios. Los radicales, a su vez, llegan partidos en dos. En el Senado el paisaje es similar. Todo sin un sistema de conducción unificado por sobre las diferencias parceladas.

Es una reconfiguración que expresa, también, el horizonte confuso de la política. Kicillof aprovecharía ese resquicio. La duda es determinar si lo hace en equilibrio o decide instalarse como la resistencia que anticipó Cristina Kirchner cuando habló de “catástrofe social”, en referencia al panorama económico que traza Milei. Un frente que aglutinaría a La Cámpora de Máximo Kirchner, presidente del PJ bonaerense hasta marzo 2025, y los movimientos sociales amenazados por el monitoreo del sistema asistencial que proponen desde el super ministerio de Capital Humano, administrado por Sandra Pettovello.

En la Legislatura están pendientes de este proceso 37 diputados y 21 senadores de Unión por la Patria. Y más de la mitad de los 134 municipios. Allí hay una mirada especial: el ministro del Interior, Guillermo Francos, ya se reunió con varios jefes comunales.

Si Kicillof decide confrontar a campo abierto se expone a la primera batería que podría disparar el gobierno libertario. El recorte de giros extraordinarios a la Provincia. Según anticipó Milei, se acabaron las transferencias discrecionales. Buenos Aires resultó la más favorecida en la gestión de Alberto Fernández. Esas partidas resultaron el maná para las finanzas del estado bonaerense.

El año pasado, el distrito más grande del país recibió el 42,4% del total de recursos, más del doble de lo que recibieron Córdoba, Santa Fé, la Ciudad de Buenos Aires y Mendoza, los distritos que le siguen en población y Producto Bruto Interno. Estos cuatro registraron en conjunto el 17,8% de los fondos discrecionales. Y en 2023, sólo en noviembre, Buenos Aires percibió 133 mil millones de pesos sobre un total de 245 millones. La última ayuda del ministro de Economía, candidato, Sergio Massa, llegó hace una semana para asegurar el pago de sueldos y aguinaldo en la administración pública.

Es la preocupación del gobernador. El síntoma de ese desvelo fue la extensa reunión con Francos. Ambos se comprometieron en la búsqueda de “soluciones comunes”. Con la escasez de recursos como horizonte. “No hay plata”, insiste Milei. Siempre hubo un raspaje de olla en el caso de Buenos Aires. Por lo menos hasta ahora. Recién cuando quede presentado la Ley Omnibus o como se llame el paquete de leyes del Presidente ante el Congreso Nacional, podrá seguirse esa traza de ajuste en las cuentas públicas.

Recién con la letra fina de ese instrumento en la Nación, Kicillof podrá elevar su proyecto en la Legislatura provincial. Ya tuvo una primera alerta con la falta de tratamiento del pedido de deuda, para completar el ejercicio 2023, equivalente a 150 millones de dólares. En algunas semanas demandará el doble para el Presupuesto del año próximo. Y una ponderación ajustada de los 6,9 billones de pesos que requirió el gasto actual.

De esas estrecheces presupuestarias dependerá el retoque a la Ley Fiscal. Habrá aumentos en los cuatro tributos que cobra ARBA. Una necesidad apremiante ante la falta de recursos discrecionales que adelantó Milei.

Entre el dilema de esa dependencia y la eventual vocación de liderar al peronismo desde “la resistencia” se debate el primer tramo de la administración de Kicillof en Buenos Aires.

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