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Alberto Fernández y el Tedeum del 25 de Mayo: una presencia por descarte que no es el mejor gesto a la Iglesia

La relación entre el Papa y el presidente quedó signada en los últimos tiempos por las suspicacias. Es que resulta difícil creer que la decisión de Alberto Fernández de asistir al tradicional Tedeum del 25 de Mayo en la Catedral de Buenos Aires se debe a que las malas condiciones climáticas no le permiten ir a pasar la fecha patria a la Antártida como había sido inicialmente su deseo.

Ya era todavía más dificultoso aceptar que Francisco había suspendido la audiencia con el canciller Santiago Cafiero por un dolor de rodilla que determinó que esa mañana en que estaba concertada la cita fuese a la clínica a hacerse unos estudios, pero le permitió al volver al Vaticano recibir a un grupo de jóvenes misioneros.

En verdad, estas suspicacias florecen por un hecho palpable en medios vaticanos: el vinculo del pontífice con el mandatario argentino está muy deteriorado por varias razones. La más visible es el enérgico impulso que Alberto Fernández le dio a la legalización del aborto en el peor momento de la pandemia después de haberle pedido al Papa ayuda en la renegociación de la deuda con el FMI por su buena relación con su titular, Kristalina Georgieva.

El cardenal Mario Poli, arzobispo de Buenos Aires, durante el Tedeum del 25 de mayo de 2020.

Pero también porque el Presidente se jactaba de supuestamente hablar con frecuencia con Francisco y recibir consejos. Y, en fin, por haber optado por un estilo confrontativo, pese a que decía que venía a “unir a los argentinos”.

Lo que dice el Gobierno

En el Gobierno niegan que la relación esté deteriorada. Pero las ideas y vueltas con el tedeum no son, precisamente, una contribución a fortalecerla. O, por lo menos, a dar una buena impresión.

Por lo pronto, no parece que el Presidente haya elegido el mejor momento para no ir al Tedeum luego de las versiones sobre el deterioro en el vínculo que disparó la frustrada audiencia de Cafiero.

A no ser que Alberto haya querido manifestar su desagrado con el Papa, quien días antes había recibido al ministro del Interior, Eduardo De Pedro, y días después al gobernador del Chaco, Jorge Capitanich, dos políticos alineados con Cristina Kirchner en la interna del Frente de Todos.

Aún suponiendo que el Presidente no tiene ningún resquemor con el Papa, ni con la Iglesia, y que realmente quería ir este 25 de Mayo a la Antártida, una circunstancia alimentaba aún más la suspicacia: en medios militares había sorprendido la decisión de Alberto porque no es climáticamente la fecha más conveniente para hacer ese viaje.

En cambio, no parece que una motivación adicional del Presidente para no ir a la Catedral sea el deseo de esquivar una homilía supuestamente severa del arzobispo de Buenos Aires, cardenal Mario Poli, porque no es el estilo del purpurado. A diferencia del entonces cardenal Jorge Bergoglio, que llevó a Néstor Kirchner a no ir más.

Algo es seguro: su presencia por descarte en el Tedeum no suena como el mejor gesto de consideración hacia la Iglesia. Desde 1810, en que los cabildantes se cruzaron a la Catedral a agradecerle a Dios la proclama con la que empezaba a perfilarse la Argentina, ese fue históricamente el sitio del oficio religioso.

Pero la declaración de la Independencia recién llegaría en 1816. ¿Acaso no era mejor el 9 de Julio para ir a la Antártida? Es cierto que el Tedeum siempre es pedido por el presidente de turno. Está en su derecho de no pedirlo. Pero conlleva la señal de una invocación a Dios por la patria, tal como está en la Constitución, actitud que obviamente la Iglesia valora.

Dicen cerca de Poli que, si el presidente no solicitaba el Tedeum, el cardenal tenía previsto celebrar una Misa por la Patria. En tal caso, se descontaba que el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta -de buena relación con Francisco-, sería de la partida. Con su ausencia, Alberto Fernández hubiera consolidado la impresión del deterioro de su relación con el Papa y con la Iglesia -que se suma a sus diferencias con Cristina y la Cámpora- y cedido el escenario a uno de los principales aspirantes a sucederlo.

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