Alberto Fernández devaluado: todos los incondicionales que se le fueron en estos años

Gustavo Beliz se fue tan apurado, con tanta bronca acumulada, que no llegó ni a mandar la renuncia por el sistema informático interno: solo atinó a escribir en una hoja en blanco, sin membrete, que renunciaba a su cargo, y la dobló en cuatro. Fue Vilma Ibarra, la secretaria Legal y Técnica, otra incondicional de Alberto Fernández, la que más tarde le acercó la hoja al Presidente.

Hacía rato que Beliz estaba desgastado y sin rumbo: se había postulado, sin éxito, para presidir el Banco Interamericano de Desarrollo, y sus planes nunca terminaron de encajar con el esquema de decisiones del Gobierno. Pero las negociaciones recientes entre Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa, que terminaron con el desembarco de este último como superministro a cargo de Economía, Producción y Agricultura, y el manejo de la relación con los organismos internacionales, bilaterales y multilaterales de crédito, fueron demasiado para el ahora ex secretario de Asuntos Estratégicos.

Pasadas las 14, dejó la Casa Rosada por la explanada de la calle Rivadavia, y ya no volvió.

Fernández resistió lo más que pudo. El operativo clamor para que Massa entrara al gabinete -que tuvo su primera aproximación con la renuncia de Martín Guzmán, a principio de mes-, respaldado por la ex Presidenta, tiró por la borda su renuencia a aceptar los cambios, y su liderazgo quedó ahora un poco más devaluado.

Es que, con Beliz, el Presidente vuelve a perder a uno de sus colaboradores de máxima confianza.

Ya había tenido que desprenderse, un mes y medio atrás, de Matías Kulfas, después de que el ex ministro de Desarrollo Productivo acusara al kirchnerismo de supuestas irregularidades en el área energética -después se desdijo en los tribunales-. Kulfas había acompañado a sol y a sombra al Presidente desde la campaña del 2019, era uno de sus más cercanos, pero la presión de Cristina Kirchner fue lapidaria: junto a Claudio Moroni -todavía en su puesto- y Guzmán, fue una de las principales obsesiones K.

Sin Kulfas, el mandatario lo hizo venir a Daniel Scioli desde Brasil: 43 días después, no le quedó más remedio que pedirle que se vuelva a la embajada en ese país. 

La primera baja sensible del riñón presidencial fue la de Marcela Losardo, socia íntima de Fernández: erosionada por el kirchnerismo, catalogada en su momento por Cristina Kirchner como una de las «funcionarias que no funcionan», dejó el Ministerio de Justicia en marzo del 2021. No soportó ni un solo embate más, y fue reemplazada por Martín Soria, referenciado en ese sector de la coalición.

En septiembre del año pasado, la conducción del jefe de Estado volvió a sufrir un duro revés. Por la derrota en las primarias legislativas, la Vicepresidenta hizo gala de todo su poderío interno: logró echar a Juan Pablo Biondi -histórico vocero de Fernández- y corrió de la Jefatura de Gabinete a Santiago Cafiero, que recaló en la Cancillería pero que perdió la cercanía de una oficina de distancia con el mandatario. Alguna vez, en Olivos, el mandatario lo mencionó como su alter ego. 

En esas horas cruciales, Eduardo «Wado» de Pedro y una decena de funcionarios referenciados en Cristina Kirchner presentaron sus renuncias en señal de protesta con el liderazgo del Presidente. En el primer piso de la Casa Rosada, Fernández y sus principales colaboradores discutieron hasta bien entrada la noche si convenía o no romper con el kirchnerismo e inaugurar una nueva etapa de gobierno.

Beliz, según trascendió entonces, fue uno de los más vehementes en la exposición de esa postura. También Biondi. Ninguno de los dos sigue en el gabinete.

Diferente fue la posición de la secretaria Legal y Técnica, una de las más cercanas, que cosechó en estas últimas semanas un vínculo frecuente con Massa. Ibarra, sin embargo, quedó por estas horas en medio de versiones: se explica por el largo encuentro entre Cristina Kirchner y Fernández del último sábado en el que, según confiaron a este diario, la vice deslizó, al pasar, la posibilidad de mudarla a un ministerio. El mandatario pudo resistir.

Pero lo que sí no esperaba el Presidente, después de meses de defenderlo, era que Guzmán le soltara la mano. 

«No lo hagas». Fue lo único que atinó a contestarle Fernández vía WhatsApp un rato antes de las 17.47 del sábado 2, cuando el ex ministro ordenó a sus colaboradores que apretaran «Twittear» y colgaran en las redes la renuncia al Ministerio de Economía.

El Presidente alargaba la sobremesa en la chacra que el empresario Fabián De Sousa alquila en el club Puerto Panal, y no vio los mensajes que se acumulaban en su teléfono: había dejado el celular en el bolsillo del abrigo. Daniel Rodríguez, el jefe de la quinta de Olivos, y Julio Vitobello, el secretario General, intentaron comunicarse, sin éxito. Fue, para muchos, el principio del fin del gobierno de Fernández como tal. 

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"El Gobierno implosionó", "indignidad" y "sarasa": la reacción de la oposición tras los cambios en el Gabinete de Alberto Fernández

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